¿Cómo nació la Gimnasia de la plata?

Gimnasia Campeón 1929: La gesta del Bosque

06/02/2026

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El fútbol, más que un deporte, es un tejido de historias, pasiones y momentos imborrables. En Argentina, cuna de grandes clubes y hazañas legendarias, la década de 1920 fue testigo de una epopeya que marcó para siempre el destino de una institución: el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata. Fue en 1929 cuando el Lobo, con garra y juego, inscribió su nombre en la cima del fútbol argentino por primera vez, quebrando la hegemonía de los clubes tradicionalmente campeones y desatando una fiesta inolvidable en la ciudad de las diagonales. Pero este triunfo no fue un rayo en cielo sereno; fue la culminación de un proceso, la siembra de años de esfuerzo que germinó en gloria.

Índice de Contenido

Los Cimientos de la Gloria: El Regreso al Bosque y el Subcampeonato de 1924

La historia de esta gesta comienza a tomar forma varios años antes del grito de campeón. Nos situamos específicamente en 1924, un año fundamental que sentó las bases para el éxito venidero. Después de un tiempo, Gimnasia regresaba a su hogar, al querido y místico “Bosque”, un espacio que ya desde principios del siglo XX había sido testigo y nutridor de su presencia. Aquella tarde bautismal, el once que pisó el césped estuvo conformado por Scarponi; Galli y Bulla; los hermanos Felices y Alustiza; Curell, Dagliolo, Caldera, Rimassa y Morgada. El partido inaugural en 60 y 118 estuvo a punto de empezar con un susto, pero la figura del gran arquero Felipe Scarponi se agigantó para atajar un penal a los 40 minutos del primer tiempo, manteniendo el arco en cero y la esperanza intacta.

Lo que siguió fue, hasta esa fecha, la mejor actuación de Gimnasia en un torneo oficial de Primera División. La temporada de 1924 devino en un memorable segundo puesto, quedando a tan solo dos puntos del campeón, San Lorenzo. El “Mens Sana” demostró una solidez impresionante, manteniéndose invicto durante veinte fechas consecutivas. “El Bosque” comenzaba a forjar su leyenda como un reducto inexpugnable, una fortaleza que se confirmaría a lo largo de la historia del club. Este subcampeonato, aunque no fue el título, fue la semilla que se plantó, la confirmación de que el equipo tenía potencial para competir de igual a igual con los mejores.

Para 1926, Gimnasia ya no era solo un equipo de fútbol, sino una institución añeja, con historia y una tradición multideportiva arraigada. En sus instalaciones se practicaban diversas disciplinas: gimnasia, esgrima, fútbol —o “football”, como se decía entonces—, tenis, pelota, rugby, básquet, ajedrez, atletismo y calistenia. Esta integralidad reflejaba la vitalidad del club. En el ámbito futbolístico, el campeonato de ese año lo encontró nuevamente entre los protagonistas, finalizando en un respetable quinto puesto. La defensa seguía siendo uno de sus puntos fuertes; ni siquiera los poderosos “Diablos Rojos” de Independiente, que promediaban tres goles por partido en aquella época, pudieron batir la resistencia del inmenso Scarponi cuando visitaron el reducto del bosque platense. El equipo mostraba carácter y respuesta, solo faltaba pulir aquellos detalles que distinguen a un buen equipo de un campeón.

La Construcción del Campeón: Refuerzos, Dirigencia y Objetivo Claro en 1929

El año 1929 marcó un punto de inflexión definitivo. El club, bajo el impulso de destacados dirigentes como Mario L. Sureda, emprendió una estrategia clave: la captación de talento. Se reclutaron jugadores del interior de la Provincia de Buenos Aires, buscando potenciar el plantel existente. Entre estos nuevos valores llegó Martín Cesáreo Maleanni, proveniente de General Lamadrid, quien se convertiría en una pieza fundamental. Había un objetivo claro en la mira: conformar un equipo capaz de pelear el campeonato hasta las últimas instancias. Gimnasia experimentaba un crecimiento notable en todos sus aspectos, no solo en lo deportivo, y el socio, testigo de esta evolución, lo percibía con entusiasmo.

La consolidación institucional también fue crucial. El 26 de julio de 1929, Juan Carmelo Zerillo fue elegido como nuevo presidente de la institución. Esta elección representó un fuerte respaldo al proyecto de club que se venía desarrollando, asegurando una línea de conducta y gestión que brindaba estabilidad y proyección al ambicioso plan deportivo. Con una dirigencia enfocada y un plantel fortalecido, la maquinaria del campeón empezaba a carburar.

Los frutos de este trabajo y planificación no tardarían en llegar. El Torneo de Fútbol de 1929 se presentaba como la oportunidad perfecta. Era el tercer campeonato organizado por la Asociación Argentina Amateurs de Football (AAAF), una entidad reconocida por la FIFA. Este torneo tenía un formato particular: participaron treinta y cinco clubes, divididos en dos zonas, una con dieciocho conjuntos (Impar) y la otra con diecisiete (Par). Los ganadores de cada zona se enfrentarían en una gran final para determinar al campeón absoluto. Gimnasia y Esgrima La Plata compartió su grupo, la Zona Impar, con rivales de peso como River Plate, Lanús, Racing Club, Huracán, Banfield, Tigre, Atlanta, Platense y el clásico adversario de la ciudad, Estudiantes de La Plata, entre otros. El camino hacia la gloria sería arduo y lleno de desafíos, pero el “Mens Sana” estaba listo para enfrentarlos.

Un Camino Sembrado de Hazañas: Partidos Clave en la Zona Impar

La definición de la Zona Impar tuvo momentos de alta tensión y partidos que quedaron grabados a fuego en la memoria de los hinchas. Hubo al menos tres fechas trascendentales en este recorrido triunfal.

El 13 de octubre de 1929, por la sexta fecha, “El Bosque” fue escenario de lo que muchos consideraron una final anticipada: Gimnasia recibía a River Plate. La rivalidad con los “Millonarios” tenía raíces profundas, originada desde los inicios de la práctica oficial del fútbol, con cruces ya en 1905 en la División III de la “Argentine Football Association”. Se enfrentaba un “rival de época”, un contendiente directo en la lucha por el primer puesto de la sección. Las acciones en la cancha fueron parejas desde el comienzo, incluso después de la expulsión del defensor mens sana Vicente Ruscitti a los veinticinco minutos de iniciado el encuentro. A pesar de jugar con diez, Gimnasia mantuvo la compostura. En el segundo tiempo, la paridad se rompió. A los quince minutos, Francisco Varallo —una futura estrella mundialista— convirtió el gol que selló la victoria definitiva para Gimnasia por 1 a 0. Fue un espaldarazo enorme en lo anímico para jugadores, dirigentes e hinchas, confirmando que el sueño del campeonato era posible.

Otro peldaño crucial en el camino era el clásico platense, y además, en condición de visitante. La atmósfera previa a estos encuentros era siempre especial. Crónicas de la época evocaban el clima de fiesta y la importancia del partido: “Habrá premios especiales: copas, medallas, sombreros, trajes, objetos de arte y otros; que se sortearán entre los jugadores del vencedor o se entregarán al que marque el primer gol”. Tanto en Gimnasia como en Estudiantes se apuraban los preparativos, ya que ambos equipos se encontraban en posiciones expectantes en la tabla. El partido se programó inicialmente para el 22 de septiembre de 1929, pero increíblemente, no se jugó. El diario El Argentino del día 19 publicó: “La suspensión fue resuelta a raíz de una cuestión promovida por el Club Atlético Estudiantes”. El delegado de Estudiantes aludió a la convocatoria de tres de sus jugadores a la Copa Newton, un partido que la Selección Argentina disputaría el 20 de septiembre ante Uruguay. Cabe destacar que Ismael Morgada, jugador de Gimnasia, también estaba citado para ese encuentro, pero el club Tripero no registró objeción alguna. La AAAF, ante esta situación, reprogramó el clásico para el 29 de diciembre en 57 y 1, la cancha de Estudiantes. Sin embargo, este partido tampoco se jugó. Estudiantes de La Plata no se presentó. La crónica de la revista El Gráfico de la época indicaría que el club estudiantil se había retirado antes del torneo por el intenso calor de la fecha. Naturalmente, Gimnasia ganó los puntos en juego, un triunfo administrativo pero que sumaba en la tabla y consolidaba su posición.

El camino continuó y trajo otro desafío mayúsculo: Huracán, el campeón de 1928, con una delantera temible integrada por Juan Spósito, Guillermo Stábile y Ángel Chiessa, visitaba “El Bosque”. El “Globo” llegaba invicto a 60 y 118. Diez mil personas colmaron el estadio para presenciar el encuentro. Gimnasia volvió a demostrar su fortaleza como local y su capacidad para superar escollos, ganando el partido por 2 a 1. Los goles fueron obra del oportuno Martín Cesáreo Maleanni y del joven “Panchito” Varallo, quienes se perfilaban como figuras decisivas. Habiéndose levantado de alguna que otra caída inesperada a lo largo del torneo, y venciendo a todos los rivales directos que debía vencer, Gimnasia se acercó a su primer gran objetivo: definir la zona en primer lugar, sin depender de otros resultados.

La Larga Espera y la Gran Final de 1930

Mientras Gimnasia aseguraba su lugar en la final al ganar la Zona Impar, en la otra sección, la Zona Par, la definición fue mucho más compleja. Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro igualaron en el primer puesto con veintisiete unidades cada uno. El reglamento de la época no contemplaba el alargue, la diferencia de gol o los penales como métodos de desempate en esta instancia. Fue necesario jugar partidos adicionales para definir quién pasaría a la final. Después de dos empates sucesivos, recién en un tercer encuentro, Boca Juniors logró imponerse por 3 a 1 y clasificó para enfrentar a Gimnasia. Los “Xeneizes” venían de dos subcampeonatos consecutivos, en 1927 y 1928, y llegaban con la firme intención de alcanzar el título mayor, esperando que la tercera fuera la vencida.

El tiempo que demandó la definición de la Zona Par obligó a postergar la tan ansiada final del campeonato para el año siguiente. La AAAF determinó que el partido decisivo se disputaría el 9 de febrero de 1930, en la antigua cancha de River Plate, ubicada en Alvear y Tagle, en la ciudad de Buenos Aires. Se dispuso que, en caso de empate al cabo de los noventa minutos reglamentarios, se jugarían treinta minutos de alargue, divididos en dos tiempos de quince cada uno.

El día de la final se presentaba como una jornada histórica para el club. Para aumentar la expectativa y la fiesta, la División Reserva de Gimnasia también había llegado a una instancia final, enfrentando precisamente a Boca Juniors. El encuentro de Reserva se programó para el mismo día, pero por la mañana, en la cancha de Lanús.

La ciudad de La Plata hirvió en las horas previas al gran día. Para facilitar el traslado de la multitud de hinchas que querían presenciar los encuentros, se dispusieron transportes especiales en trenes y camiones, un claro signo de la magnitud del evento. El favorito del gran público y de la prensa especializada era el club de Buenos Aires, Boca Juniors, que contaba con figuras consagradas y jugadores seleccionados olímpicos de 1928, como “El Gran Bidoglio” y el goleador Roberto Cherro, además de la personalidad del paraguayo Fleitas Solich, Mario Evaristo y Alberino. Gimnasia, por su parte, llegaba con algunas bajas sensibles, sin Raimundo Maldini por lesión y con el destacado Roberto Bacchi recuperándose de una intervención quirúrgica. El pronóstico general era a favor del rival, lo que solo alimentaba la mística del posible batacazo Tripero.

Llegado el esperado 9 de febrero de 1930, la jornada comenzó de manera inmejorable. Por la mañana, en la cancha de Lanús, la Reserva de Gimnasia dio un verdadero golpe al derrotar al equipo invencible de Boca Juniors por 3 a 1. Los goles fueron señalados por Budiño, Palomino (tras una corrida espectacular gambeteando a cuatro jugadores desde el centro de la cancha) y Simielli, sobre el final. Esta divisional había tenido una temporada excepcional: jugó diecisiete partidos, ganó quince, no tuvo empates y perdió solo dos, con una notable diferencia de gol (convirtió treinta y cuatro y le marcaron únicamente cuatro). Gimnasia ya era campeón en la División Reserva. Y lo mejor, la frutilla del postre, estaba por venir.

El Partido Inolvidable: La Final de Primera División

Por la tarde, la multitud se trasladó a la cancha de River en Alvear y Tagle. Treinta mil personas asistieron al espectáculo de la gran final de Primera División, con una notable presencia de público femenino, algo que empezaba a hacerse más habitual en los estadios. El elenco platense había realizado una preparación especial, concentrando durante los días previos en una casa quinta de la región, un hecho considerado innovador y muy poco común para la época, demostrando el profesionalismo con el que se encaraba el partido.

El encuentro no se presentó fácil para Gimnasia. Boca Juniors se plantó mejor en el campo durante los primeros minutos, y el equipo Tripero debió redoblar esfuerzos en defensa. Los acercamientos al arco de Mena, el arquero rival, eran más producto del ímpetu individual que de un juego colectivo fluido. Una vez más, Felipe Scarponi se constituyó en una de las figuras destacadas, con intervenciones clave para mantener el cero. Sin embargo, a los treinta minutos del primer tiempo, un infortunio golpeó a Gimnasia: Di Giano, en un intento de rechazo, marcó un gol en contra de su propia valla, poniendo el marcador 1 a 0 a favor de Boca Juniors. La parcialidad rival, confiada, comenzó el festejo, pensando que la cuestión ya estaba resuelta. Pero el “Mens Sana” de La Plata nunca bajó los brazos.

En la segunda etapa, Gimnasia salió con una determinación arrolladora en busca del empate. Llevó el juego al terreno rival, sorprendiendo a Boca Juniors por su empuje, su estado físico y su convicción. En poco tiempo, la hazaña comenzó a tomar forma. A los diecisiete minutos del complemento, y luego nuevamente a los veinticinco, el lamatritense Martín Cesáreo Malianni construyó la victoria con dos goles casi idénticos. Ambas jugadas nacieron de la habilidad y el desborde del “wing” Ismael Morgada, quien enviaba el clásico centro atrás para que Malianni, con su oportunismo de goleador, definiera sin chances para el arquero Mena. El marcador se daba vuelta: 2 a 1 a favor de Gimnasia.

Boca Juniors, tocado en su orgullo y con el marcador en contra, fue en busca del empate. La presión aumentó, y el público neutral en el estadio, sumado a la eufórica parcialidad platense que agitaba banderas y hacía sonar cornetas, se volcó a favor del equipo que, quizás, representaba al menos poderoso en los pronósticos. La defensa de Gimnasia estuvo a la altura de las circunstancias, mostrando solidez y sin presentar fallas. En particular, se destacó la actuación de Evaristo Delovo, quien por aquel entonces era un “purrete” de tan solo 17 años, demostrando una madurez y capacidad asombrosas para su edad en un partido de esa magnitud.

El partido tuvo momentos de tensión. El árbitro, justamente, anuló un gol a Boca Juniors por mano de Kuko, lo que puso nerviosos a algunos espectadores “Xeneizes” que arrojaron piedras hacia el arco defendido por Scarponi, un incidente que terminó perjudicando al propio equipo porteño al interrumpir el juego. Pero Gimnasia, con temple y a puro empeño, se mantuvo enfocado y consolidó el triunfo final. El pitazo selló el 2 a 1 y desató la consagración histórica.

El 9 de febrero de 1930, el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata se consagró campeón de Primera División por primera vez en su historia, derrotando en una final memorable a Boca Juniors. El título se festejó con una intensidad pocas veces vista, tanto en el estadio de River como, de manera apoteósica, en toda la ciudad de La Plata. Los hinchas que no habían viajado a Buenos Aires a presenciar la final se congregaron masivamente para aguardar la caravana y el arribo de los trenes que traían de regreso a los jugadores y a los miles de Triperos que sí habían estado en la cancha. La celebración recorrió las calles de la ciudad al grito unánime de “Dale Campeón”, en una demostración de alegría popular que marcó un antes y un después. La ciudad de La Plata estaba de fiesta, teñida de azul y blanco.

Un Triunfo Integral: El Legado del Campeonato de 1929

El campeonato de 1929 fue mucho más que un simple título de fútbol; fue la culminación de un proceso de crecimiento integral que se había iniciado años atrás, con el subcampeonato de 1924 como punto de partida y siembra. Fue un período ejemplar de continuidades en los planteles, de fomento y participación de los juveniles, de una acertada captación de jugadores que potenciaron al equipo y de la presencia de futbolistas de Gimnasia en las convocatorias a la Selección Nacional, demostrando el nivel alcanzado.

Pero el crecimiento no se limitó al fútbol. En aquellos años, el club también logró el ascenso a la Segunda División en rugby, obtuvo un subcampeonato en el ámbito metropolitano de básquet, realizó obras de arquitectura significativas en el predio del bosque platense que mejoraron sus instalaciones, y experimentó un incremento considerable en su masa societaria. El título de fútbol de 1929 fue la manifestación más visible y celebrada de este crecimiento deportivo e institucional sin precedentes.

El plantel campeón argentino de Primera División de 1929 estuvo compuesto por los siguientes jugadores y cuerpo técnico:

Plantel Campeón 1929Función
José López ArangurenJugador
Héctor ArispeJugador
Roberto BacchiJugador
Antonio BelliJugador
Miguel CurellJugador
Evaristo DelovoJugador
Jesús DíazJugador
Julio Di GianoJugador
Enrique FelicesJugador
Ignacio GarcíaJugador
E. GómezJugador
Miguel Ángel GuezálezJugador
Joaquín GuruciagaJugador
Juan Carlos GutiérrezJugador
C. LoescheJugador
Raymundo MaldiniJugador
Martín MalianniJugador
José María MinellaJugador
J. MilezJugador
Ismael MorgadaJugador
Arturo NaónJugador
Alberto PalominoJugador
C. RemondeguiJugador
Francisco RuizJugador
Vicente RuscittiJugador
Juan SantillánJugador
Felipe ScarponiJugador
Francisco VaralloJugador
José RipulloneEntrenador
Ángel BottaroAyudante
Rafael “Kid” LafuenteMasajista
Mario SuredaDelegado en AAAF

Preguntas Frecuentes sobre el Campeonato de 1929

¿Cuándo ganó Gimnasia su primer título de Primera División?

Gimnasia y Esgrima La Plata ganó su primer título de Primera División el 9 de febrero de 1930, correspondiente al campeonato de 1929.

¿Cuánto cuesta la cuota de gimnasia y esgrima La Plata?
Desde enero de 2025, el monto de la cuota social para socios plenos será de $23.000. En un contexto económico complejo, desde el club también se resolvió mantener vigente el mecanismo solidario que permite a aquellos socios y socias que no puedan afrontar el nuevo valor, continuar pagando el importe anterior.

¿Contra quién jugó Gimnasia la final del campeonato de 1929?

La final la jugó contra Boca Juniors.

¿Cuál fue el resultado de la final entre Gimnasia y Boca Juniors en 1929?

Gimnasia ganó la final por 2 a 1.

¿Quiénes marcaron los goles de Gimnasia en la final de 1929?

Los dos goles de Gimnasia fueron convertidos por Martín Cesáreo Malianni en el segundo tiempo.

¿Dónde se jugó la final del campeonato de 1929?

La final se disputó en la antigua cancha de River Plate, ubicada en Alvear y Tagle, en Buenos Aires.

¿Qué importancia tuvo la temporada de 1924 para este logro?

La temporada de 1924 fue fundamental, ya que Gimnasia logró el subcampeonato (su mejor actuación hasta ese momento) y se mantuvo invicto durante veinte fechas, sentando las bases del equipo campeón.

¿Quién era el arquero titular de Gimnasia en aquel equipo?

El arquero titular y una de las grandes figuras del equipo era Felipe Scarponi.

¿Cómo influyó la dirigencia en este campeonato?

Dirigentes como Mario L. Sureda fueron clave en la captación de jugadores, y la elección de Juan Carmelo Zerillo como presidente consolidó el proyecto deportivo que llevó al título.

El campeonato de 1929/1930 no solo significó el primer título de Gimnasia en la máxima categoría, sino que también demostró la capacidad de un club del interior para competir y superar a los grandes de la capital. Fue la confirmación de que el trabajo serio, la planificación, el fomento de las inferiores y la incorporación estratégica de refuerzos podían dar sus frutos más preciados. Aquella gesta en Alvear y Tagle, y la posterior celebración en La Plata, quedaron grabadas como uno de los momentos más gloriosos en la rica historia del Lobo, un hito que se recuerda con orgullo y que representa la esencia de la lucha y la pasión Tripera.

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