¿Cuáles son los beneficios de hacer deporte en ayunas?

Entrenar en Ayunas: Beneficios y Precauciones

19/05/2020

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La práctica de realizar ejercicio físico a primera hora de la mañana, antes de haber ingerido cualquier tipo de alimento, es una tendencia que ha ganado numerosos adeptos en los últimos años. Sus defensores proclaman una serie de beneficios que van desde la mejora del rendimiento hasta una mayor eficiencia en la quema de grasas. Sin embargo, como con cualquier estrategia de entrenamiento, no es una fórmula mágica aplicable a todo el mundo sin distinción. Conocer las pautas correctas y, sobre todo, escuchar a nuestro propio cuerpo, es fundamental para embarcarse en esta experiencia de forma segura y efectiva.

Aunque la idea de entrenar con el estómago vacío pueda generar escepticismo inicial, especialmente si estamos acostumbrados a desayunar antes de activarnos, muchas personas experimentan un cambio positivo una vez que se adaptan. Las sensaciones de pesadez digestiva desaparecen, dando paso a una ligereza y, paradójicamente para algunos, un aumento de la energía durante la sesión. Esta transición, no obstante, debe ser gradual y consciente, prestando suma atención a las señales que nos envía el organismo.

¿Qué pasa si hago ejercicio con el estómago vacío?
Además, si hacemos ejercicio con el estómago vacío, podemos 'quemar' las reservas incorrectas. Si el cuerpo no encuentra glucógeno que quemar, puede recurrir a las proteínas musculares, que es precisamente lo que no queremos cuando hacemos deporte.

La Perspectiva de los Expertos: ¿Funciona Realmente?

Los profesionales del deporte y la nutrición coinciden en que el entrenamiento en ayunas puede ser una herramienta muy útil, siempre y cuando se aplique de forma adecuada. No se trata de salir a darlo todo desde el primer día, sino de incorporar esta práctica de manera progresiva. Expertos como Iván Álvarez, triatleta y entrenador, señalan que "entrenar en ayunas realmente funciona", pero enfatiza la necesidad de "arrancar de forma progresiva y prestando una atención exquisita a unos puntos concretos".

La clave, según Álvarez, reside en la progresión. Si una persona entrena cuatro veces por semana, alternando fuerza y carrera, podría empezar introduciendo una o dos sesiones suaves de running en ayunas de unos 30 o 40 minutos, manteniendo el desayuno para las sesiones de fuerza o las de mayor intensidad. El avance debe ser muy gradual para permitir que el cuerpo se adapte sin sufrir. Soraya Casla, doctora en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, corrobora esta visión, indicando que "entrenar en ayunas puede resultar beneficioso si se hace bien", y que "para iniciarse hay que empezar muy poco a poco". Recomienda combinar ejercicio de fuerza con cardiovascular, ya que este último es el que más favorece el gasto de grasas.

Beneficios Confirmados del Entrenamiento en Ayunas

Más allá de la sensación subjetiva de ligereza, existen beneficios fisiológicos respaldados por la experiencia y la ciencia. Iván Álvarez destaca varios puntos positivos:

  • Mejora de la calidad muscular: Se observa una optimización en la respuesta y composición del tejido muscular.
  • Recuperación más rápida: El organismo parece recuperarse un poco antes de la actividad, preparándose mejor para la siguiente sesión.
  • Potenciación del rendimiento muscular aeróbico: La capacidad de los músculos para utilizar oxígeno de manera eficiente durante el ejercicio de resistencia aumenta.
  • Mejor metabolismo de las grasas: Este es uno de los beneficios más mencionados y buscados.
  • Ausencia de molestias digestivas: Al no haber proceso digestivo activo, se evitan las incomodidades gástricas que a veces surgen al entrenar tras comer.

Soraya Casla profundiza en el aspecto de la quema de grasa, explicando que entrenar en ayunas "puede resultar muy útil de cara a un mayor gasto de grasas debido a la 'movilización' que se produce cuando los recursos de hidratos de carbono existentes son menores". Al haber menos glucógeno disponible de inmediato por la ingesta reciente, el cuerpo se ve 'forzado' a recurrir a las reservas de grasa como fuente principal de combustible. Este proceso se vuelve más significativo en sesiones que superan los 30 o 40 minutos de duración.

La Clave de la Flexibilidad Metabólica

El nutricionista y farmacéutico Javier Fernández Ligero pone el foco en un concepto crucial: la flexibilidad metabólica. Según él, el entrenamiento en ayunas no solo mejora el rendimiento por la mayor disponibilidad de sangre en la musculatura (al no estar en el estómago para la digestión), sino que "aporta ciertos beneficios, sobre todo, relacionados con la diabetes". Ayuda a una mejor regulación de la glucemia y aumenta la sensibilidad a la insulina, factores clave en la prevención de la diabetes tipo 2 y la obesidad. La flexibilidad metabólica implica que nuestro organismo sea eficiente utilizando tanto la glucosa como la grasa como sustratos energéticos, sin ser excesivamente dependiente de una sola fuente.

Entrenar en ayunas, al promover el uso de grasas, "permite conseguir una mejor eficiencia energética" y "salir del bucle de 'comer, obtenemos energía, entrenamos y tiramos del glucógeno muscular, que es el combustible más instantáneo del metabolismo'". Además, esta práctica puede ayudar a aumentar la capacidad energética a largo plazo, ya que "vamos a generar nuevas mitocondrias", que son esenciales para la producción de energía celular.

Consideraciones Importantes y Pautas para Empezar

Si decides probar el entrenamiento en ayunas, es vital seguir algunas recomendaciones para maximizar los beneficios y minimizar los riesgos:

  • Progresión gradual: Como insisten los expertos, empieza con sesiones cortas y de baja intensidad. Camina, haz yoga suave o trota muy lentamente durante 20-30 minutos. Aumenta progresivamente la duración y la intensidad a medida que tu cuerpo se adapte.
  • Escucha a tu cuerpo: Presta mucha atención a tus sensaciones. Mareos, debilidad excesiva o malestar general son señales para detenerte. No fuerces. Si te sientes mal, es mejor desayunar algo ligero y entrenar después, o simplemente parar por ese día.
  • Hidratación: Aunque no comas, la hidratación es fundamental. Bebe agua antes de entrenar, e incluso considera añadir sales minerales, especialmente si las sesiones se alargan o el clima es caluroso. El miedo a marearse suele estar más relacionado con la deshidratación o la falta de electrolitos que con el ayuno en sí mismo.
  • Nutrición la noche previa: Javier Fernández Ligero sugiere una "recarga de hidratos de carbono complejos en la cena" la noche anterior. Esto asegura que los depósitos de glucógeno muscular estén suficientemente llenos para la sesión de la mañana, proporcionando energía de reserva sin romper el ayuno inmediato. Combinar hidratos complejos con grasas saludables o proteínas (como tubérculos con pescado azul) puede ayudar a modular la respuesta glucémica y prolongar la energía.
  • Café sin azúcar: Un café solo antes de entrenar en ayunas puede ser un buen aliado. No rompe el ayuno y puede ayudar a acelerar el metabolismo, aumentar la liberación de adrenalina y las pulsaciones, proporcionando un extra de activación.
  • Nutrición post-entrenamiento: Lo que comes después de entrenar en ayunas es crucial y debe alinearse con tus objetivos. Si buscas perder grasa, una ingesta rica en "grasas buenas" ayuda a seguir educando al cuerpo a usarlas como combustible. Si el objetivo es ganar masa muscular, es esencial consumir una buena fuente de proteína (como proteína de suero), combinada con glutamina y carbohidratos de calidad para reponer los depósitos.

¿Es para Todos? Precauciones a Tener en Cuenta

Aunque muchas personas pueden beneficiarse del entrenamiento en ayunas, no es universalmente recomendable. Iván Álvarez señala que "puede hacerlo todo el mundo -siempre y cuando no tenga una patología previa que lo desaconseje- con cuidado, siguiendo unas pautas y... de una forma muy progresiva". Sin embargo, advierte que una persona que no entrena habitualmente no debería empezar directamente con esta práctica. Es para deportistas que ya tienen una base y buscan optimizar su rendimiento o composición corporal.

Soraya Casla añade que la adaptabilidad varía entre personas y que el momento ideal suele ser a primera hora de la mañana, "cuando estamos más descansados y contamos con reservas suficientes porque todavía no hemos hecho el gasto de la jornada". Es importante considerar el estilo de vida y los horarios personales.

Además, existen contraindicaciones médicas claras. Personas con ciertas patologías, especialmente aquellas relacionadas con la regulación del azúcar en sangre como la diabetes, o quienes sigan tratamientos crónicos que puedan verse afectados, deben evitar el entrenamiento en ayunas o consultar obligatoriamente con su médico. En pacientes oncológicos, por ejemplo, Casla lo desaconseja por el riesgo de hipoglucemia y mareos.

La Otra Cara de la Moneda: Argumentos en Contra

Es importante reconocer que también existen perspectivas que desaconsejan el entrenamiento en ayunas. Algunos argumentos sugieren que entrenar con el estómago vacío podría llevar al cuerpo a un "modo de supervivencia", ralentizando el metabolismo en lugar de acelerarlo, como indican algunos estudios. La creencia es que el cuerpo, al percibir la falta de alimento, podría volverse más eficiente en el uso de la energía, lo que, a largo plazo, podría dificultar la pérdida de peso.

¿Cuáles son los beneficios de hacer deporte en ayunas?
"El entrenamiento en ayunas nos va a permitir conseguir una mejor eficiencia energética, gracias a una mayor flexibilidad metabólica. Esto implica que nuestro organismo 'sepa' tirar de la grasa como sustrato energético y no sea tan dependiente de la glucosa, en concreto, y de la comida en general.

Otro punto de preocupación es el riesgo de catabolismo muscular. Si las reservas de glucógeno están muy bajas y la sesión es intensa o prolongada, el cuerpo podría recurrir a las proteínas musculares como fuente de energía, lo cual es lo contrario de lo que se busca al entrenar.

La visión alternativa argumenta que tener algo de combustible en el estómago permite entrenar con mayor intensidad y duración, lo que podría resultar en un mayor gasto calórico total y una mejor calidad del entrenamiento. Además, se sugiere que comer antes puede ayudar a suprimir mejor el hambre a lo largo del día.

Preguntas Frecuentes sobre el Entrenamiento en Ayunas

¿El entrenamiento en ayunas quema más grasa?
Sí, puede favorecer un mayor uso de las reservas de grasa como combustible, especialmente en sesiones moderadas y prolongadas (más de 30-40 minutos), al tener menores reservas de glucógeno disponibles de inmediato.

¿Es seguro para todo el mundo?
No. No es recomendable para personas con ciertas condiciones médicas (como diabetes) o quienes no tengan experiencia previa entrenando de forma regular. Siempre debe iniciarse de forma muy progresiva y escuchando al cuerpo.

¿Cómo debo empezar si quiero probar?
Empieza con sesiones cortas (20-30 minutos) de baja intensidad (caminar rápido, trote muy suave, yoga). Asegúrate de estar bien hidratado, quizás con sales. Considera una cena rica en carbohidratos complejos la noche anterior.

¿Debo desayunar algo antes?
La esencia del entrenamiento en ayunas es no haber ingerido alimentos sólidos o calóricos. Puedes tomar agua, café solo o infusiones.

¿Qué debo comer después de entrenar en ayunas?
Depende de tu objetivo. Si buscas perder grasa, opta por grasas saludables y proteínas. Si buscas ganar músculo, una combinación de proteína de suero, glutamina y carbohidratos es ideal.

¿Puedo entrenar fuerza en ayunas?
Aunque el enfoque principal suele ser el cardio para la quema de grasa, algunos deportistas experimentados incluyen sesiones de fuerza de baja a moderada intensidad en ayunas. Sin embargo, para principiantes o sesiones intensas, es más recomendable desayunar antes para asegurar la energía necesaria.

Conclusión

El entrenamiento en ayunas es una estrategia que ofrece beneficios potenciales, particularmente en la optimización del metabolismo de las grasas y la mejora de la flexibilidad metabólica. Sin embargo, no es una varita mágica ni un atajo, y definitivamente no es para todos. Requiere una aproximación cautelosa, una progresión cuidadosa, una excelente hidratación y, sobre todo, la capacidad de interpretar las sensaciones de tu propio cuerpo. Si decides explorarlo, hazlo informándote bien, empezando despacio y, si tienes dudas o condiciones de salud preexistentes, consulta siempre con profesionales de la salud o el deporte.

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