08/04/2020
La antigua Roma, un imperio vasto y poderoso, tuvo una relación compleja y marcadamente diferente con la actividad física y la gimnasia en comparación con sus predecesores griegos. Mientras que en Grecia la cultura física buscaba la armonía entre cuerpo y mente, en Roma se produjo una ruptura completa entre los ejercicios atléticos y los higiénicos. La gimnasia, tal como la entendemos hoy, no floreció en Roma con el mismo propósito educativo o estético que en la Hélade clásica. En cambio, el enfoque romano se centró en la utilidad práctica: la salud, el entrenamiento militar y, sobre todo, el espectáculo.

En los primeros tiempos de Roma, la educación estaba fuertemente orientada hacia la vida campesina y militar. Los viejos romanos sentían aversión por las costumbres helénicas, incluyendo su enfoque en la educación física. Nunca hubo un consenso unificado sobre la importancia de la educación física en Roma; ni se abandonó por completo, ni alcanzó la consideración de la época griega clásica. La influencia que sí llegó a Roma fue la de la época helenística, un período en el que la importancia de la educación física ya había disminuido ostensiblemente en Grecia.

El Enfoque Romano: Salud, Milicia y Espectáculo
Para el ciudadano romano promedio, el ejercicio físico era necesario principalmente por dos razones: mantener la salud y prepararse para la guerra. No se valoraba el juego como una actividad placentera para el tiempo libre. Esta mentalidad pragmática diferenciaba radicalmente la visión romana de la griega. Los jóvenes romanos no frecuentaban el anfiteatro como participantes activos en competiciones atléticas; estas prácticas se dejaron en manos de profesionales, a menudo reclutados entre los pueblos bárbaros.
El entrenamiento físico para los niños romanos estaba casi exclusivamente orientado hacia fines militares. Desde edades tempranas, se enfatizaba el desarrollo de aptitudes físicas especializadas necesarias para un soldado eficiente: fortaleza, agilidad, tolerancia y destrezas motoras particulares. En el hogar, los padres enseñaban a sus hijos habilidades esenciales para la milicia, como el uso de la espada, la lanza, el escudo, la jabalina y la equitación.
Los ciudadanos entre 17 y 60 años tenían la responsabilidad del servicio militar, y se consideraba que la actividad física era crucial para mantener una buena condición física y estar listo para servir al estado. Los soldados seguían un itinerario de entrenamiento riguroso e inflexible que incluía una gran variedad de actividades: marcha, carrera, saltos, natación y lanzamientos de jabalina y disco.
A diferencia de los griegos, los romanos no tenían una valoración estética del cuerpo. No buscaban la síntesis entre armonía física y desarrollo mental. Para ellos, el cuerpo era un instrumento a someter a la razón y la voluntad, o una fuente de placeres. No creían en la belleza y simetría del cuerpo, ni en la armonía o el desarrollo equilibrado del individuo. En cambio, se enfatizaba el juego bruto, sucio y sangriento. Sin embargo, se consideraba de gran importancia un alto sentido de la moral.
La educación física romana, en su orientación militar, se puede comparar con la desarrollada en Esparta. Se competía en natación, lucha y atletismo, todo dirigido hacia el desarrollo físico con fines bélicos.
La Gimnasia Romana: Más Allá de la Palestra
Aunque la gimnasia no tuvo el mismo peso educativo que en Grecia, existía cierta forma de actividad física que los romanos practicaban. En la palestra, los jóvenes romanos realizaban una gimnasia que, salvando las distancias, se ha descrito como parecida a la sueca. Este tipo de ejercicio probablemente tenía un enfoque más higiénico o de mantenimiento, separado de las competiciones atléticas profesionales.
Sin embargo, el tipo de gimnasia que más proliferó y capturó la atención en Roma fue la gimnasia atlética y profesional. Esta se manifestaba principalmente en los espectáculos de lucha y despertaba pasiones muy fuertes entre los espectadores. Estos espectáculos eran un contrapunto a la vida a menudo ociosa de la plebe romana y representaban, según algunos pensadores, una degeneración de la gimnasia.
Los Protagonistas del Espectáculo: Gladiadores y Aurigas
Si hubo un sector en Roma que dedicó su vida a la preparación física para el combate, esos fueron los gladiadores. Considerados héroes por el pueblo, como los futbolistas o pilotos de Fórmula 1 hoy en día, su nombre proviene del latín gladius, que significa "espada". Originalmente, los espectáculos de gladiadores fueron ritos funerarios en la campiña italiana, documentados ya en pinturas etruscas del siglo VI a.C. Llegaron a Roma y se documentan en la época de la República, con los primeros combates celebrados en el 264 a.C.
Lo que comenzó como ritos funerarios se transformó en carnicerías masivas. En una sola jornada de juegos podían morir cientos de personas y animales. La gran afición del pueblo llevó a la construcción de circos específicos para estas luchas, como el primer circo de piedra construido por Estacilio Tauro en el 29 a.C.
Los gladiadores eran habitualmente esclavos, prisioneros de guerra o condenados. La lucha les ofrecía una oportunidad de conseguir su libertad, fama y, en ocasiones, una considerable posición económica. Algunas personas incluso ingresaban voluntariamente en los Ludi (escuelas de entrenamiento) por afán de diversión o fama. Los gladiadores eran entrenados en estas escuelas por los Lanistae.
Su dieta era sorprendentemente vegetariana, alta en proteínas (cebada y legumbres), para engordar y desarrollar masa muscular que les servía de escudo natural contra heridas. A pesar de las frecuentes fracturas y heridas, los restos óseos estudiados sugieren buenas recuperaciones, ya que, al ser muy valiosos económicamente, recibían atención de los mejores médicos, además de masajes y baños.
Existían diversos tipos de gladiadores, diferenciados por su vestimenta y armas, como los mirmos, reciarius, tracius, secutors, entre otros.
Los espectáculos de gladiadores se exportaron por todo el Imperio, excepto en Grecia, donde se consideraban salvajes y bárbaros. Se gastaban enormes sumas en estos juegos, siendo los combates de gladiadores los que más gustaban y exaltaban al pueblo. La famosa frase "Panes et Circus" (pan y circo) resumía lo que la plebe demandaba para mantenerse tranquila. La importancia de estos combates llevó a la promulgación de las Leges gladiatorae para regularlos. Podían ser organizados por magistrados, el emperador o empresarios privados (con permiso), aunque los costos crecientes llevaron a restringir el número de combatientes, salvo en los organizados por el emperador. Algunos gladiadores libres que habían conseguido su libertad y seguían luchando alcanzaron gran fama y fortuna, como el hispano Diocles. El emperador Tiberio llegó a pagar sumas considerables por contratos de gladiadores.
El entusiasmo del público a menudo degeneraba en violencia, como la batalla campal en Pompeya entre pompeyanos y nucerianos, que llevó a Nerón a clausurar los ludi en Pompeya por 10 años.
Otra actividad que despertaba una pasión desbordada en los romanos eran las carreras de carros del circo, los famosos ludi circenses. Se construyeron edificios colosales para albergarlas, como el Circo Máximo de Roma, que en el siglo IV d.C. tenía una capacidad asombrosa para 385.000 espectadores.
Todo romano era seguidor apasionado de alguna de las factiones (equipos), destacando el verde y el azul en Roma. La rivalidad entre seguidores era tan intensa que provocaba estallidos de violencia. Las carreras eran precedidas por un desfile (pompa) liderado por el magistrado organizador (editor). Los carros solían ser arrastrados por cuatro caballos (cuadriga), aunque también por dos (viga) o tres (triga). La salida la daba el editor lanzando una tela blanca (mappa). Los aurigas (conductores), a menudo esclavos, usaban yelmos y manejaban las riendas atadas a la cintura, llevando un cuchillo para cortarlas en caso de caída. Daban siete vueltas a la spina, un muro central adornado. Las curvas eran especialmente peligrosas y propensas a accidentes. Los cocheros luchaban ferozmente por la posición, intentando derribar a sus adversarios. La meta estaba marcada por una línea blanca, y el juez anunciaba al ganador, su caballo y su auriga. Algunos aurigas alcanzaron gran fama y fortuna, como el hispano Diocles, con 1.462 victorias y 35 millones de sestercios ganados.
La Visión Filosófica e Intelectual
La visión pragmática y orientada al espectáculo de la actividad física en Roma fue objeto de debate y crítica por parte de filósofos e intelectuales. Mientras que poetas como Ovidio, Estacio y Marcial celebraban los espectáculos (vistos incluso positivamente por Cicerón y Plinio el Joven), otros tuvieron una visión más crítica.
El filósofo cordobés Séneca fue uno de los pocos escritores romanos que rechazó explícitamente los combates de gladiadores y cuestionó el valor higiénico del ejercicio físico. En sus cartas, consideraba que ejercitar los músculos de forma excesiva era un trabajo inútil para el hombre juicioso. Para Séneca, el cuerpo debía estar subordinado al alma, y aunque debíamos cuidar nuestras cualidades corporales, no debíamos convertirnos en esclavos de ellas. Criticaba la gimnasia cultivada en exceso como ridícula y nefasta, argumentando que el espíritu se veía acaparado por los ejercicios físicos y embotado por la comida. Su visión contrastaba fuertemente con cualquier ideal de desarrollo físico por sí mismo.
Otros pensadores como Polibio elogiaban a jóvenes con intereses militares como Escipión Emiliano, frente a otros que se dedicaban a la "vida regalada" o las conversaciones en el Foro. Cicerón, por su parte, se mostraba contrario a la gimnasia salvo en la medida en que hiciera del cuerpo un buen instrumento de la voluntad, subordinándolo a la humanitas, que requería costumbres sobrias.
Los escritores cristianos, como Juan Crisóstomo, rechazaron categóricamente los combates de gladiadores y, en general, todos los espectáculos públicos, viéndolos como rituales paganos o escuelas de crueldad e insensibilidad. Las críticas de Juan Crisóstomo en el 399 d.C. demuestran la popularidad de estos juegos incluso entre los cristianos de la época, llegando a celebrarse carreras de carros en Viernes y Sábado Santo.
Estos espectáculos fueron suprimidos gradualmente. El emperador Constantino los reprobó en el 325 d.C. Las escuelas imperiales de gladiadores fueron suprimidas en el 399 d.C. Los acosos de fieras duraron en Oriente hasta el siglo VI. En Occidente, las invasiones bárbaras contribuyeron a su supresión, aunque revivieron brevemente en Hispania.
Espacios para el Cuerpo (y el Placer)
Aunque la educación física formal no tuvo la misma importancia que en Grecia, existían espacios dedicados a la actividad física y el cuidado del cuerpo. En la época del Imperio, la preocupación por el cuerpo se extendió entre los patricios, evidente en las monumentales termas romanas. Estas termas, más que centros educativos, eran ante todo centros de reunión social. Anejas a ellas, a menudo contaban con palestras donde se practicaba algún tipo de gimnasia, pero sin fines educativos o estéticos profundos. La atención al cuerpo en este contexto tenía más que ver con una vida regalada y de placer que con un propósito formativo.
Preguntas Frecuentes
¿Los romanos practicaban gimnasia como los griegos?
No, la visión romana era muy diferente. Separaban el ejercicio higiénico (para la salud) del atlético (para espectáculo o milicia). No buscaban la armonía física y mental griega, sino la utilidad práctica.
¿Para qué usaban los romanos la actividad física?
Principalmente para el entrenamiento militar y para mantener la salud. El deporte competitivo era un espectáculo profesional, no una actividad educativa para el ciudadano promedio.
¿Qué eran los gladiadores?
Eran luchadores profesionales, generalmente esclavos, prisioneros o condenados, que combatían entre sí o contra animales en espectáculos públicos. Eran entrenados en escuelas llamadas Ludi.
¿Qué eran los ludi circenses?
Eran las carreras de carros, que despertaban una pasión inmensa entre el pueblo romano. Se celebraban en circos y contaban con equipos (factiones) y conductores profesionales (aurigas).
¿Existían críticas a estos espectáculos?
Sí, algunos filósofos como Séneca y los escritores cristianos criticaron los combates de gladiadores y los espectáculos públicos por su violencia y por desviar la atención de asuntos más importantes.
En resumen, la gimnasia en la antigua Roma no fue un pilar de la educación integral como en la Grecia clásica. Fue un medio para la preparación militar, un componente de la higiene personal y, de manera predominante, una fuente de entretenimiento masivo a través de espectáculos brutales y emocionantes. La visión romana del cuerpo y el ejercicio reflejó su pragmatismo y su gusto por el espectáculo, dejando un legado de circos y anfiteatros que aún hoy atestiguan la importancia del entretenimiento y la demostración de fuerza en su sociedad.
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