¿Quién es el autor de La marcha del deporte?

Marcha Atlética: La Ciencia Tras el Andar Rápido

08/09/2024

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La marcha atlética, a menudo vista como una forma peculiar de desplazamiento, es en realidad una disciplina deportiva altamente técnica y biomecánicamente compleja. A diferencia del simple acto de caminar, la marcha atlética está regida por normativas estrictas que dictan la forma en que los atletas deben mover su cuerpo. El objetivo es claro: trasladarse lo más rápido posible, pero conservando características similares a las de la marcha normal, debido a las exigencias del reglamento. Esta combinación de velocidad y restricciones reglamentarias da como resultado un patrón de movimiento que puede parecer incómodo o forzado para el ojo no entrenado, pero que es fundamental para el rendimiento competitivo.

Según el reglamento de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), la marcha atlética se define como una progresión de pasos en la que el atleta debe mantener contacto constante con el suelo. Esto significa que no debe haber pérdida de contacto visible a simple vista. Además, y quizás la regla más distintiva, la pierna que avanza debe estar recta (es decir, no doblada por la rodilla) desde el momento en que hace contacto inicial con el suelo hasta que alcanza la posición vertical. Estas dos reglas, el contacto constante y la extensión de la rodilla, son las que definen la técnica y, por ende, la biomecánica específica de esta disciplina.

¿Cuáles son las 4 fases de la marcha atlética?
Describe las 4 fases de la técnica de la marcha: doble apoyo, tracción, relajación e impulso. Explica la posición correcta del cuerpo con el tronco vertical, caderas rotando y brazos balanceándose.
Índice de Contenido

Las Reglas Clave de la Marcha Atlética

Las normas de competición son el pilar sobre el que se construye la técnica de la marcha atlética. El requisito de mantener un contacto visible y constante con el suelo elimina la fase de vuelo que caracteriza a la carrera. Aunque estudios biomecánicos avanzados sugieren que puede existir una brevísima fase de despegue (de milisegundos y no perceptible a simple vista), la intención técnica y reglamentaria es la de un apoyo continuo.

La segunda regla fundamental es la de la pierna de apoyo extendida. Desde el instante en que el talón toca el suelo hasta que la pierna pasa por debajo del centro de gravedad del cuerpo (la vertical), la rodilla no debe flexionarse. Esta exigencia obliga a los marchistas a adoptar posturas y rangos de movimiento articulares muy diferentes a los de la marcha o la carrera convencionales. Cumplir estas reglas mientras se busca la máxima velocidad requiere un dominio técnico excepcional y una gran eficiencia biomecánica.

El Ciclo de Movimiento: Fases y Duración

El ciclo de la marcha atlética, al igual que el de la marcha normal, se define como la secuencia de movimientos que realiza una pierna desde que su talón toca el suelo hasta el siguiente contacto del mismo talón. Este ciclo se divide tradicionalmente en dos fases principales:

  • Fase de Apoyo: Es el tiempo en que el pie está en contacto con el suelo.
  • Fase de Oscilación: Es el tiempo en que el pie está suspendido en el aire, avanzando para el siguiente paso.

En la marcha normal, la fase de apoyo suele representar alrededor del 60% del ciclo, con un período de doble apoyo (ambos pies en el suelo) que permite la transición de peso. La fase de oscilación es el 40% restante. Sin embargo, en la marcha atlética, la búsqueda de velocidad y la minimización de la fase de no-apoyo (debido a la regla de contacto constante) alteran significativamente estas proporciones. La fase de apoyo es considerablemente más corta que en la marcha normal, mientras que la fase de oscilación es más larga. Estudios revelan que en marchistas de élite, la fase de apoyo puede reducirse a alrededor del 41.5% del ciclo, mientras que la fase de oscilación alcanza el 58.5%. Esta inversión de los porcentajes es una de las características biomecánicas clave que permite alcanzar mayores velocidades.

Aunque la división en apoyo y oscilación es fundamental, el ciclo puede subdividirse aún más para un análisis detallado. Algunas clasificaciones incluyen fases como el doble apoyo inicial, el apoyo simple, el doble apoyo final o impulso, la oscilación inicial, la oscilación media y la oscilación final. Estas sub-fases describen con mayor precisión los momentos de carga, transferencia de peso, propulsión y avance de la pierna libre.

Ritmo y Distancia: Zancada y Cadencia

Dos de los parámetros espacio-temporales más importantes para la velocidad en la marcha atlética son la longitud de la zancada y la cadencia (frecuencia de pasos). Una zancada es la distancia cubierta desde que un pie toca el suelo hasta que vuelve a tocarlo el mismo pie. La cadencia es el número de pasos que se dan por minuto.

En comparación con la marcha normal, la marcha atlética se caracteriza por una mayor longitud de zancada y una cadencia significativamente más alta. Mientras que en la marcha normal la zancada puede estar entre 1.50 y 1.60 metros y la cadencia entre 100 y 120 pasos por minuto, en la marcha atlética de competición, la longitud de zancada puede superar los 2.40 metros, y la cadencia, los 190 pasos por minuto. Estos valores casi duplican los de la marcha normal y son los principales responsables de las altas velocidades que alcanzan los marchistas.

El aumento de la longitud de la zancada se logra mediante una combinación de movimientos específicos, como una mayor flexión de la cadera en la pierna que avanza y una pronunciada rotación pélvica. Sin embargo, un aumento excesivo de la longitud de la zancada sin la técnica adecuada puede ser ineficiente y llevar a la pérdida de energía, perjudicando el rendimiento.

La alta cadencia, por su parte, implica un ciclo de marcha más rápido, con menor duración de cada fase. Esto exige una gran coordinación y velocidad de contracción muscular para ejecutar todos los movimientos técnicos en menos tiempo.

El Papel Crucial del Centro de Gravedad

La eficiencia del movimiento, especialmente a altas velocidades, está estrechamente relacionada con la trayectoria del centro de gravedad corporal (CGC). En la marcha normal, el CGC describe una curva sinusoide tridimensional, con oscilaciones verticales (sube y baja) y laterales (se mueve de lado a lado) relativamente marcadas. Estas oscilaciones implican un gasto energético para acelerar y desacelerar la masa corporal.

En la marcha atlética, una técnica depurada busca minimizar estas oscilaciones del CGC para hacer el movimiento más económico y eficiente. Los marchistas logran reducir significativamente las oscilaciones verticales (a menos de 4 cm, comparado con los 5 cm o más de la marcha normal) y laterales (a menos de 4 cm, comparado con los 5 cm de la marcha normal). Esta reducción se consigue mediante movimientos coordinados de todo el cuerpo, incluyendo la inclinación de la pelvis y el tronco, la acción de los brazos y una alineación eficiente de las piernas.

La capacidad de mantener el CGC en una trayectoria relativamente plana y horizontal es un indicador clave de la eficiencia técnica en la marcha atlética y contribuye directamente a la capacidad de mantener altas velocidades durante períodos prolongados.

¿Qué es una marcha deportiva?
El reglamento de competición de la Federación Internacional de Atletismo Amateur (IAAF), en su Art. 230, define la marcha atlética, y dice: "es una progresión de pasos ejecutados de modo que el atleta se mantenga en contacto con el suelo, a fin de que no se produzca pérdida de contacto visible (a simple vista).

Movilidad Articular: Caderas, Rodillas y Tobillos

Las articulaciones de las extremidades inferiores exhiben rangos de movimiento específicos y a menudo exagerados en la marcha atlética en comparación con la marcha normal. Estos movimientos están adaptados para cumplir con las reglas y maximizar la eficiencia propulsora.

La cadera juega un papel fundamental en la longitud de la zancada. En el momento del contacto del talón, la cadera de la pierna que avanza presenta una flexión más pronunciada que en la marcha normal. Esta flexión, combinada con la rotación pélvica, ayuda a extender el alcance de la pierna. A lo largo del ciclo, la cadera experimenta un amplio rango de movimiento (superior a 40º), flexionándose significativamente durante la fase de oscilación para reducir el momento de inercia de la pierna y permitir su avance rápido.

La rodilla es el punto donde la regla de extensión se hace más evidente. Al contactar con el suelo y hasta que la pierna pasa por la vertical, la rodilla debe permanecer extendida, a menudo mostrando una ligera hiperextensión. Esta posición rígida durante el apoyo inicial contrasta con la ligera flexión que ocurre en la marcha normal para la absorción del impacto. Sin embargo, durante la fase de oscilación, la rodilla se flexiona de manera muy marcada (superando los 70º) justo después del despegue del pie de apoyo. Esta flexión rápida y pronunciada es crucial para recoger la pierna y reducir su longitud efectiva, lo que disminuye su momento de inercia y permite que se mueva hacia adelante más rápidamente para el siguiente paso. El rango total de movimiento de la rodilla en la marcha atlética es amplio, superando los 80º.

El tobillo también presenta movimientos adaptados. Al contactar el talón con el suelo, el tobillo se encuentra en una ligera flexión dorsal. A diferencia de la marcha normal, donde hay un movimiento de extensión del tobillo (flexión plantar) al apoyar el pie, en la marcha atlética, el rápido avance de la tibia hace que el tobillo se mueva hacia la extensión (flexión plantar) de forma más acelerada, cerrando el ángulo entre el pie y la pierna. El despegue del antepié se produce con una fuerte extensión del tobillo, que actúa como una palanca para impulsar el cuerpo hacia adelante. El rango de movimiento del tobillo en la marcha atlética (alrededor de 40º) es mayor que en la marcha normal, facilitando tanto el contacto inicial como la potente fase de impulso.

El Juego de Pies: Pronación y Supinación

El movimiento del retropié (la parte trasera del pie) en los planos frontal y transversal es fundamental en la marcha, tanto normal como atlética, e implica los movimientos de pronación y supinación.

La pronación es un movimiento complejo que incluye la eversión (giro hacia afuera) del talón, la abducción (separación) del antepié y la flexión dorsal del tobillo. Ocurre principalmente en la primera parte de la fase de apoyo y actúa como mecanismo de amortiguación, permitiendo que el pie se adapte a las irregularidades del terreno y absorba parte de la carga del peso corporal. En la marcha atlética, se observa una pronación significativa antes de que la pierna pase por la vertical. Sin embargo, una pronación excesiva puede ser perjudicial, aumentando el riesgo de lesiones en el pie, tobillo, rodilla y cadera, y disminuyendo la eficiencia de la marcha al desviar la fuerza de impulso.

La supinación es el movimiento opuesto, que incluye la inversión (giro hacia adentro) del talón, la aducción (acercamiento) del antepié y la flexión plantar del tobillo. Ocurre principalmente en la última parte de la fase de apoyo (impulso) y rigidiza el pie, convirtiéndolo en una palanca eficaz para la propulsión. En la marcha atlética, la supinación en la fase de despegue del antepié es muy pronunciada, ayudando a la extensión del tobillo y contribuyendo a la longitud de la zancada. Al igual que con la pronación, una supinación excesiva también puede ser problemática, haciendo el pie inestable durante la propulsión y aumentando el riesgo de esguinces de tobillo o problemas en otras articulaciones.

El rango total de prono-supinación en el retropié durante la marcha atlética es considerable (casi 46º), reflejando la necesidad de un equilibrio entre la absorción de carga y la rigidez para la propulsión a altas velocidades.

La Danza de las Cinturas: Pelvis y Escápulas

Los movimientos de las cinturas pélvica y escapular (hombros) son elementos distintivos y cruciales de la técnica de la marcha atlética, contribuyendo a la longitud de la zancada, la estabilidad y la eficiencia energética.

La cintura pélvica exhibe dos tipos de movimientos principales: inclinación y rotación. La inclinación pélvica ocurre en el plano frontal (de lado a lado). En la marcha atlética, hay una marcada inclinación de la pelvis hacia el lado de la pierna que no está apoyada (la que está en oscilación). Esta inclinación ayuda a bajar el centro de gravedad del cuerpo en el momento del apoyo simple, cuando tendería a estar más alto debido a la pierna de apoyo extendida. El rango de inclinación pélvica es significativamente mayor que en la marcha normal.

La rotación pélvica ocurre en el plano horizontal (giro hacia adelante y hacia atrás). La pelvis rota hacia adelante en el lado de la pierna que avanza durante la fase de oscilación. Esta rotación aumenta la longitud efectiva de la zancada sin necesidad de un paso excesivamente largo desde la cadera. Al igual que la inclinación, el rango de rotación pélvica es mucho mayor que en la marcha normal (superando los 35º). Sin embargo, una rotación excesiva puede tener un efecto negativo en la velocidad si provoca un descenso excesivo del CGC en el doble apoyo.

La cintura escapular (los hombros) se mueve en oposición a la cintura pélvica, rotando en sentido contrario. Esta acción coordinada de rotación cruzada entre la parte inferior y superior del tronco ayuda a mantener el equilibrio y contrarrestar las fuerzas de rotación generadas por el movimiento de las piernas. La inclinación de la cintura escapular también ocurre en el plano frontal, generalmente en el mismo sentido que la inclinación pélvica del lado de apoyo. Esta inclinación del tronco, junto con la pélvica, contribuye a mantener el CGC en una trayectoria más baja y estable.

¿Qué es la marcha y en qué consiste?
La marcha se define como un modo de locomoción bípedo donde se suceden los periodos de apoyo monopodal y bipodal, posibilitando el desplazamiento del centro de gravedad del cuerpo humano con un coste energético menor a cualquier otra forma de locomoción humana.

Los movimientos de las cinturas pélvica y escapular, con sus amplios rangos de inclinación y rotación, no solo mejoran la longitud de la zancada y la estabilidad, sino que también se cree que contribuyen a la eficiencia energética al almacenar y liberar energía elástica en los tejidos del tronco, funcionando de manera similar a un muelle.

La Acción de los Brazos: Impulso y Equilibrio

La acción vigorosa de los brazos es una característica visual distintiva de la marcha atlética y cumple funciones importantes tanto para el impulso como para el equilibrio y la coordinación.

Los brazos se mueven de forma coordinada y opuesta a las piernas (brazo derecho adelante cuando la pierna izquierda está adelante, y viceversa). Este movimiento cruzado ayuda a contrarrestar las rotaciones del tronco generadas por las piernas y la pelvis, manteniendo el equilibrio. Además, el balanceo rápido y potente de los brazos, especialmente el movimiento hacia atrás, contribuye a la propulsión del cuerpo hacia adelante.

Los marchistas mantienen los codos flexionados (generalmente entre 80º y 110º) durante todo el ciclo. Esta flexión del codo reduce la longitud efectiva del brazo, disminuyendo su momento de inercia. Al tener un momento de inercia menor, el brazo puede balancearse más rápidamente, permitiendo una mayor cadencia de los pasos. La velocidad del movimiento del brazo, facilitada por la flexión del codo, se correlaciona positivamente con la velocidad de la marcha. Un rango de movimiento amplio en el hombro (más de 100º) permite que los brazos se balanceen vigorosamente hacia adelante y hacia atrás, maximizando su contribución al impulso.

Factores Biomecánicos Clave para la Velocidad

El estudio de la biomecánica de la marcha atlética ha identificado varios factores que influyen directamente en la velocidad y la efectividad del desplazamiento:

  • Cadencia y Longitud de Zancada: Son los motores principales de la velocidad. Un aumento en cualquiera de ellos, o idealmente en ambos de forma equilibrada, incrementa la velocidad.
  • Oscilaciones del Centro de Gravedad: Minimizar las oscilaciones verticales y laterales del CGC reduce el gasto energético y permite mantener altas velocidades.
  • Movilidad de Cadera y Rodilla en Oscilación: Una flexión rápida y pronunciada de cadera y rodilla durante la fase de oscilación es vital para reducir el momento de inercia de la pierna y permitir su avance rápido.
  • Rango de Movimiento del Tobillo: Un buen rango de flexión dorsal para el contacto y una fuerte extensión plantar para el impulso son cruciales.
  • Control de Prono-Supinación: Una pronación adecuada para la amortiguación y una supinación eficiente para la propulsión, dentro de rangos funcionales, son necesarias para evitar lesiones y maximizar la fuerza de impulso.
  • Rotación Pélvica: Contribuye a alargar la zancada, pero una rotación excesiva puede ser contraproducente para la velocidad si desestabiliza el CGC.
  • Acción de Brazos y Flexión de Codo: El balanceo vigoroso de los brazos y la flexión del codo aumentan la cadencia y contribuyen al impulso y el equilibrio.

Todos estos elementos biomecánicos deben estar finamente coordinados y ejecutados de forma eficiente para que un marchista pueda alcanzar su máximo potencial, respetando siempre las estrictas reglas de la disciplina.

Tabla Comparativa: Marcha Atlética vs. Marcha Normal

Para visualizar las principales diferencias biomecánicas, aquí se presenta una tabla comparativa basada en los datos y la discusión del estudio:

ParámetroMarcha Normal (Aprox.)Marcha Atlética (Aprox.)
Duración del Ciclo1.0 - 1.2 s0.6 - 0.7 s
% Fase de Apoyo~60%~41.5%
% Fase de Oscilación~40%~58.5%
Fase de VueloAusenteBreve (imperceptible)
Longitud de Zancada1.50 - 1.60 m2.10 - 2.48 m
Cadencia100 - 120 pasos/min180 - 200 pasos/min
Oscilación Vertical CGC~5 cm~3.7 cm (o menos)
Oscilación Lateral CGC~5 cm~3.6 cm (o menos)
Hiperextensión Rodilla ApoyoGeneralmente ausentePresente (~5-10º)
Rango Flexión Rodilla Oscilación~60-70º~75º (o más)
Rango Movimiento Tobillo20 - 30º~40º
Rango Prono-Supinación RetropiéVariable, menos marcado~46º
Rango Inclinación Pélvica5 - 10º~29º
Rango Rotación Pélvica8 - 10º~38º
Rango Movimiento Hombro30 - 40º~114º

Preguntas Frecuentes sobre la Marcha Atlética

¿Qué es una marcha deportiva?
La marcha deportiva, o marcha atlética, es una disciplina del atletismo que consiste en desplazarse a la mayor velocidad posible mediante pasos, cumpliendo dos reglas estrictas: mantener siempre un contacto visible con el suelo y extender completamente la rodilla de la pierna de apoyo desde el contacto inicial hasta la vertical.

¿Cuáles son las fases de la marcha atlética?
El ciclo de la marcha atlética se divide principalmente en dos fases: la fase de apoyo (cuando el pie está en contacto con el suelo) y la fase de oscilación (cuando el pie está en el aire). A diferencia de la marcha normal, en la marcha atlética la fase de oscilación es proporcionalmente más larga que la de apoyo. Dentro de estas fases, existen subdivisiones como el doble apoyo (breve instante con ambos pies en el suelo, aunque mínimo en marcha atlética), el apoyo simple, la fase de impulso y la oscilación.

¿En qué consiste la marcha y en qué se diferencia la marcha atlética?
La marcha general es un modo de locomoción bípeda donde siempre hay al menos un pie en contacto con el suelo, permitiendo el desplazamiento del centro de gravedad con un coste energético relativamente bajo. Consiste en una sucesión de pasos y zancadas con periodos de apoyo simple y doble. La marcha atlética es un tipo especializado de marcha que añade reglas de competición: la obligación de mantener contacto visible constante y la extensión de la rodilla de la pierna de apoyo al pasar por la vertical. Estas reglas fuerzan rangos de movimiento articulares y coordinaciones diferentes a la marcha normal, buscando velocidad sin fase de vuelo explícita.

¿Por qué los marchistas se mueven de forma tan característica (el famoso 'contoneo')?
El movimiento distintivo de la marcha atlética, que incluye un marcado movimiento de caderas y brazos, es una adaptación necesaria para cumplir con las reglas de contacto constante y rodilla extendida mientras se intenta ir rápido. La exagerada rotación e inclinación pélvica, junto con el movimiento de los brazos, ayudan a aumentar la longitud de la zancada y a mantener el centro de gravedad en una trayectoria más estable y eficiente, compensando la restricción de la rodilla recta durante el apoyo. Es una optimización biomecánica para la velocidad dentro de las limitaciones reglamentarias.

¿Existe realmente una fase de vuelo en la marcha atlética?
El reglamento prohíbe explícitamente la pérdida de contacto visible con el suelo. Sin embargo, análisis biomecánicos con tecnología de alta velocidad sugieren que en marchistas de élite puede haber una brevísima interrupción del contacto (del orden de milisegundos) que es imperceptible para el ojo humano y los jueces. A nivel técnico, la intención y ejecución buscan minimizar o eliminar esta fase de no-apoyo.

La marcha atlética es, por tanto, un fascinante ejemplo de cómo los atletas adaptan la biomecánica del movimiento humano a un conjunto de reglas específicas, desarrollando una técnica única que combina velocidad, resistencia y un control corporal extraordinario.

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